La empresa Baires Fly está señalada por el fiscal Picardi por blanquear dinero de presuntas coimas de la Agencia Nacional de Discapacidad.
El avión privado que utilizó Flávio Bolsonaro para viajar a Estados Unidos desde la provincia de Misiones tiene un pasado que involucra a empresarios, funcionarios y dirigentes políticos de las últimas dos décadas. Se trata de un Gulfstream G400, matrícula LV-JQW, perteneciente a la compañía argentina Baires Fly, cuya actividad aparece mencionada en investigaciones judiciales y en operaciones relacionadas con diferentes sectores del poder.
El senador brasileño abordó la aeronave junto a su esposa, Fernanda, y sus dos hijas, Carolina y Luiza, después de ingresar a la Argentina por el puente internacional Tancredo Neves, que conecta Brasil con Puerto Iguazú.
El avión despegó durante la madrugada del miércoles 28 de octubre, realizó una escala técnica en Guayaquil, Ecuador, y posteriormente aterrizó en Miami. El viaje se concretó después de la derrota electoral de Bolsonaro frente a Luiz Inácio Lula da Silva y en medio de una controversia judicial por las restricciones que la Justicia brasileña había dispuesto sobre su salida del país.
Sin embargo, uno de los aspectos más llamativos del episodio es que la misma aeronave había sido utilizada años atrás por Lula da Silva para viajar a Cuba, lo que suma un particular antecedente a la historia del jet argentino.
La empresa que operó el vuelo de Bolsonaro también aparece mencionada en la investigación que lleva adelante el fiscal federal Franco Picardi por presuntas irregularidades en contrataciones de la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis).
Según la hipótesis del fiscal, Baires Fly habría recibido pagos millonarios por servicios que no se habrían prestado, en el marco de maniobras investigadas por presuntas coimas, sobreprecios y movimientos de fondos de origen irregular.
La causa tiene entre sus protagonistas al exdirector de Andis, Diego Spagnuolo, quien anteriormente mantuvo una relación cercana con el presidente Javier Milei.
Las sospechas sobre contrataciones de servicios que no se habrían utilizado también remiten a otros antecedentes de la política argentina. Uno de ellos es la investigación sobre 47.912 noches de hotel contratadas por Aerolíneas Argentinas durante el kirchnerismo, por las que se habrían realizado pagos pese a que las habitaciones no fueron ocupadas.
Estos antecedentes forman parte de distintas causas judiciales y no implican, por sí mismos, que el vuelo contratado por Bolsonaro haya estado relacionado con las presuntas irregularidades investigadas.
El negocio de los vuelos privados en la Argentina también tiene entre sus protagonistas a Gustavo Carmona, propietario de Flyzar, una compañía que durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner realizó traslados de funcionarios y dirigentes políticos.
Entre sus pasajeros estuvieron el exsecretario de Transporte Ricardo Jaime y Daniel Scioli, quien años después pasó a formar parte del Gobierno de Javier Milei.
La firma también aparece vinculada a los vuelos privados de autoridades de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), especialmente de su presidente, Claudio Tapia, y del tesorero Pablo Toviggino.
Según la información publicada por Clarín, la compañía de Carmona estuvo a cargo de traslados de dirigentes, jueces y fiscales hacia una propiedad de Toviggino en Pilar. Además, operó un Gulfstream G400 vinculado al empresario Javier Faroni, utilizado por Tapia para viajar a Zúrich a principios de octubre, en una operación cuyo costo habría alcanzado los 300.000 dólares.
Por su parte, Baires Fly también registra antecedentes como prestadora de servicios para el presidente de la AFA, quien utilizó aeronaves de la compañía en viajes internacionales.
Las relaciones entre el sector de la aviación privada y la política argentina también tuvieron protagonismo durante la presidencia de Mauricio Macri.
Uno de los empresarios mencionados es Carlos Colunga, quien estuvo al frente de una compañía de taxis aéreos vinculada a la familia del expresidente y posteriormente se convirtió en socio local del empresario Germán Efromovich, propietario de Avianca.
Durante esos años, el Gobierno impulsó una apertura del mercado aerocomercial, conocida como la revolución de los aviones, que permitió el ingreso y la expansión de nuevos operadores.
En ese escenario también ganó espacio Diego Colunga, hijo de Carlos, quien participó en la firma Unidos Air junto a David Yacobitti, hermano del vicerrector de la Universidad de Buenos Aires, Emiliano Yacobitti, y Hernán Gómez, actual subsecretario de Transporte Aerocomercial.
Diego Colunga también llegó a integrar el directorio de Aerolíneas Argentinas, tras ser designado durante la administración de Milei.
Otro de los empresarios que aparece en el sector es Leonardo Scatturicce, vinculado a Flybondi y señalado por sus relaciones con integrantes del actual Gobierno nacional.
Las distintas trayectorias empresariales reflejan la continuidad de operadores del mercado aerocomercial a lo largo de administraciones de diferentes signos políticos.