Cristian Damián Pérez, el único argentino que quedó jugando en una de las ligas más exóticas del mundo.
De las canchas del ascenso argentino a la India: la increíble historia de Damián Pérez Roa, el único argentino que queda en su equipo
"De Argentina éramos cuatro y ahora sólo queda uno: yo". La frase resume la singular aventura que vive Cristian Damián Pérez Roa, un futbolista de 29 años que pasó por las canchas del ascenso argentino y hoy se convirtió en una de las figuras del Dempo SC, un club de Goa que compite en la I-League, la segunda división del fútbol de la India.
Enganche por naturaleza, aunque utiliza la camiseta número 8, Pérez Roa construyó su carrera en clubes como Alvarado, Atlas, Claypole y Fénix. Como tantos jugadores del ascenso, soñaba con seguir creciendo dentro del fútbol argentino, hasta que una oportunidad inesperada cambió por completo su vida.
Todo ocurrió mientras jugaba en Fénix. Un grupo de representantes vinculados al fútbol indio llegó al país en busca de jugadores. Tras observarlo en acción, no dudaron. Lo querían a él.
Lo que parecía una propuesta exótica terminó convirtiéndose en una decisión trascendental. Tras analizar el contexto, el proyecto deportivo y la posibilidad de vivir una experiencia diferente, hizo las valijas y se embarcó rumbo a un destino que para muchos argentinos resulta tan fascinante como desconocido.
Hoy vive solo en Goa, una de las regiones más turísticas de la India. El club le proporciona una vivienda y un sistema de traslados diarios para asistir a los entrenamientos. Aunque el idioma representó inicialmente una barrera, poco a poco comenzó a familiarizarse con el inglés y logró adaptarse a una cultura completamente distinta.
Goa, asegura, está lejos de los estereotipos que suelen verse en internet. Es una ciudad multicultural, con una importante presencia de extranjeros, playas paradisíacas y una dinámica muy diferente a la de las grandes ciudades indias. Allí conviven turistas rusos, europeos y habitantes de distintas regiones del país.
Sin embargo, la adaptación no estuvo exenta de dificultades. Una de las experiencias más impactantes de su estadía ocurrió a raíz de una comida.
Acostumbrado a evitar el picante característico de la gastronomía local, un día creyó haber encontrado un plato inocente: una preparación de fideos con verduras, pollo y queso. Lo que parecía una elección segura terminó derivando en una severa intoxicación.
Horas después comenzó a sufrir fuertes dolores estomacales, fiebre y una profunda deshidratación. La situación se agravó al día siguiente, cuando intentó recuperarse para disputar un partido.
"Dije: "Me doy una ducha de agua congelada, salgo y voy a jugar". Entonces voy, enciendo la ducha y después de ahí no me acuerdo más de nada", recordó.
El futbolista se desmayó dentro del baño y despertó tendido en el piso. A pesar de la situación, intentó llegar al partido, aunque finalmente debió ser trasladado de urgencia a un centro médico.
Los estudios confirmaron un cuadro de gastroenteritis severa y deshidratación. Permaneció internado durante 48 horas y sufrió nuevos desmayos dentro del hospital. Una experiencia que hoy recuerda con humor, pero que en su momento encendió todas las alarmas.
Dentro de la cancha, en cambio, todo marcha sobre ruedas. Pérez Roa se ganó rápidamente la confianza del cuerpo técnico y se convirtió en una pieza clave del equipo. Su rendimiento lo transformó en titular indiscutido y en uno de los jugadores más destacados del plantel.
Mientras tanto, continúa construyendo una historia tan particular como improbable: la de un futbolista surgido del ascenso argentino que encontró su lugar a más de 15.000 kilómetros de casa, en un país donde el fútbol todavía corre detrás del cricket, el béisbol y el hockey, pero donde un argentino logró convertirse en protagonista.