Tomás Oropel tiene 48 años y reside en Río Ceballos, Córdoba. Su historia rompe con los prejuicios de la familia monoparental y expone la dificultad que enfrentan cientos de chicos para encontrar una famili
La vida de Tomás Oropel cambió para siempre cuando decidió escuchar un deseo que llevaba años guardado: quería ser padre. Después de terminar una relación de 14 años, entendió que ese sueño no podía seguir esperando. Así comenzó, solo y en plena pandemia, un camino que terminaría convirtiéndolo en el papá de tres adolescentes unidos por historias de abandono, resiliencia y amor.
A mediados de 2020 inició los trámites de adopción en Córdoba. Todo fue virtual: formularios, entrevistas y reuniones por videollamada. Lo que parecía un proceso largo avanzó más rápido de lo esperado y, en julio de 2021, su legajo ya estaba aprobado. Meses después recibió una llamada inesperada del Poder Judicial: había un chico de 11 años que podía ser compatible con él.
Hasta entonces, Ezequiel había crecido en un hogar convivencial de Córdoba. Rodeado de otros niños y adolescentes, aprendió a encontrar afecto en las cuidadoras, a quienes llamaba "tías". Pero había algo que nunca dejaba de pedir: una familia.
El primer encuentro entre ambos ocurrió en diciembre de 2021, en un juzgado. Ezequiel lo esperaba nervioso, acompañado por trabajadoras sociales. Apenas vio a Tomás, le entregó una pequeña caja de cartulina hecha por él mismo. Adentro había tres caramelos y un bombón. Ese gesto simple rompió el hielo y marcó el comienzo de un vínculo que cambiaría la vida de los dos.
Tomás recuerda que estaba tan ansioso que ni siquiera había pensado en llevarle un regalo. Sin embargo, la conexión fue inmediata. Hablaron durante horas y, antes de despedirse, se dieron un abrazo tímido pero sincero.
Poco después llegó uno de los momentos más importantes: Tomás pidió autorización para llevar a Ezequiel a pasar la Navidad con su familia en San Juan. Aunque todavía no tenía la adopción definitiva, el permiso fue aprobado. Para Ezequiel significó mucho más que un viaje; fue la primera vez que sintió lo que era pasar las fiestas en familia.
En febrero de 2022 la adopción plena quedó firmada y comenzó una nueva etapa. Había que anotarlo en la escuela, ayudarlo a hacer amigos y acompañarlo en cada cambio. Tomás no estaba preocupado por las notas ni el rendimiento escolar. Su prioridad era otra: que Ezequiel pudiera sentirse parte.
Y lo logró.
Un día, al volver del colegio, el adolescente le dijo algo que jamás olvidará: "Hoy fui feliz porque hice muchos amigos". Esa frase resumía años de soledad y también el inicio de una vida distinta.
Con el tiempo descubrieron gustos compartidos: las películas, las series, las tardes de mate y galletitas. También apareció el fútbol. Aunque Tomás nunca había sido fanático, aprendió a amar ese ritual porque Ezequiel vive cada partido con pasión. Hincha de Boca y admirador absoluto de Lionel Messi, encontró en el deporte otra forma de sentirse parte del mundo.
Ezequiel había crecido junto a otros chicos del hogar con quienes había formado vínculos de hermandad. Entre ellos estaban Emanuel y su hermana menor. Se llamaban, se visitaban y seguían acompañándose a pesar de las distintas historias de adopción.
En 2023, Tomás y Ezequiel supieron que Emanuel y la adolescente habían quedado en convocatoria pública porque todavía no encontraban familia. Entonces ocurrió algo que terminó de cambiarlo todo.
"Yo sé lo que se siente que elijan a otros y a uno lo dejen", le dijo Ezequiel a su papá.
Esa frase fue decisiva.
Tomás inició un nuevo proceso de adopción y primero recibió la guarda de Emanuel, que tenía dificultades en el habla y un importante atraso madurativo producto de años sin escolarización ni estimulación. Cuando llegó al hogar convivencial, a los siete años, descubrieron que nunca había ido a la escuela.
La adaptación no fue sencilla. Terapias, acompañamiento psicológico, fonoaudiología y mucho trabajo cotidiano comenzaron a formar parte de la rutina familiar. Pero Tomás nunca dudó.
Más adelante también decidió avanzar para incorporar a la hermana de Emanuel, quien había atravesado vinculaciones fallidas y sufría profundamente la sensación de no ser elegida por nadie.
Hoy, Tomás comparte su vida con tres adolescentes: Ezequiel, Emanuel y la joven de 14 años cuya identidad permanece reservada por decisión judicial. La casa que antes estaba en silencio ahora se llena de charlas, tareas escolares, partidos de fútbol, terapias y momentos compartidos.
Él sabe que no fue un camino fácil. Tampoco intenta idealizarlo. Pero cada día confirma que valió la pena.
"Nunca imaginé pasar de vivir solo a tener una familia numerosa. Es un desafío enorme, pero es mi familia. Y la elijo todos los días", resume.
La historia de Tomás, Ezequiel, Emanuel y su hermana demuestra que una familia puede nacer de los vínculos, de la paciencia y del amor elegido. También deja al descubierto una realidad poco visible: la enorme cantidad de adolescentes y grupos de hermanos que todavía esperan ser adoptados.