Mientras se adaptaba a la vida en Londres, lejos de su familia, descubrió que el trabajo le permitía ahorrar y empezar a pensar en algo propi
Desde muy chica, Silvina Cives tenía un objetivo claro: hablar inglés con fluidez. Ese deseo fue el motor que, años más tarde, la llevó a dejar su casa en Villa Lugano y viajar a Londres en busca de oportunidades.
Con un título en hotelería bajo el brazo, comenzó desde abajo. Trabajó como mucama, luego como asistente en distintos hoteles y, con el tiempo, logró convertirse en recepcionista. Fueron años de esfuerzo intenso, jornadas largas y una convicción inquebrantable de crecer. Su meta era seguir avanzando, llegar a puestos de mayor responsabilidad. Pero escalar no era fácil, y eso la empujó a buscar nuevos caminos.
Mientras se adaptaba a la vida en Londres, lejos de su familia, descubrió que el trabajo le permitía ahorrar y empezar a pensar en algo propio. Esa inquietud no era nueva: desde los 8 años, en la cocina de su abuela Tita, había encontrado su primera pasión. Allí aprendió a hacer galletitas y también dio sus primeros pasos como emprendedora, vendiéndolas entre vecinos.
Con ese espíritu intacto, y ya instalada en Inglaterra, comenzó a darle forma a una idea. Trabajaba en una inmobiliaria, pero en sus ratos libres experimentaba en la cocina de su departamento en Belsize Park. Se levantaba de madrugada y cocinaba hasta la medianoche. Así nacieron sus primeros merengues bajos en azúcar, hechos a mano, con un packaging artesanal y una marca inicial: Silvina's Nature.
El crecimiento fue tan rápido como inesperado. La demanda aumentó, sumó hornos en su casa y llegó a tener cinco funcionando al mismo tiempo, distribuidos por distintos ambientes. El éxito trajo también desafíos: cortes de luz, movimiento constante de pedidos y vecinos sorprendidos por el "olor a panadería".
Lejos de frenar, apostó a mejorar su producto. Tras meses de prueba y error, logró una receta más saludable y estable, incorporando manteca de maní. El salto definitivo llegó cuando sus merengues comenzaron a ser pedidos por grandes tiendas como Whole Foods y Holland & Barrett.
En paralelo, su vida personal también crecía. Conoció a Louise, con quien formó una relación que terminó en matrimonio y una mudanza a Wimbledon. Allí, su proyecto tomó una nueva dimensión.
En 2019 detectó una oportunidad clave: no existían merengues veganos en el mercado. Tras investigar y experimentar, desarrolló una receta a base de agua de garbanzos. El resultado fue inmediato: un salto exponencial en ventas.
Decidida, dejó su trabajo en la inmobiliaria y apostó todo a su emprendimiento. Invirtió sus ahorros, alquiló un espacio industrial, profesionalizó la producción y relanzó la marca como London Apron. El producto se consolidó como una novedad en el mercado gourmet británico.
Hoy, produce cerca de 200 mil merengues por mes, con un equipo de trabajo y presencia en tiendas de todo el país. Su objetivo es seguir creciendo y llegar a grandes cadenas como Ocado, Waitrose y Sainsbury's.
A la distancia, Silvina no olvida sus raíces. Viaja a Argentina siempre que puede y reconoce que extraña la cercanía y calidez de su gente. Sin embargo, valora el orden y las oportunidades que encontró en Inglaterra para construir su camino.
Su historia no es solo la de un emprendimiento exitoso, sino la de una convicción sostenida en el tiempo. Trabajo, constancia y una idea clara: ir por más, siempre.