Hace un año el Papa Francisco fallecía.
La historia de vida del Papa Francisco comienza lejos del Vaticano, en un barrio sencillo de Buenos Aires. Nació como Jorge Mario Bergoglio en 1936, hijo de inmigrantes italianos que llegaron al país buscando un futuro mejor. Su infancia estuvo marcada por la cultura del trabajo, la fe cotidiana y una vida austera, valores que más tarde definirían su forma de ver el mundo.
De joven no pensaba en ser sacerdote. Estudió como técnico químico y trabajó, incluso en un laboratorio, mientras transitaba una vida bastante común. Pero una experiencia espiritual profunda, casi silenciosa, cambió su rumbo. Decidió entrar al seminario e inició su camino dentro de la Iglesia. Eligió la orden de los jesuitas, conocida por su disciplina, su formación intelectual y su vocación de servicio.
Su crecimiento dentro de la Iglesia fue constante, aunque nunca buscó protagonismo. Fue docente, formador, y con el tiempo asumió responsabilidades mayores. Durante años complejos en Argentina, su figura también estuvo rodeada de debates y tensiones, lo que contribuyó a forjar un carácter prudente, reflexivo y muchas veces reservado.
En 1998 fue nombrado arzobispo de Buenos Aires. Allí comenzó a destacarse por un estilo pastoral cercano: viajaba en transporte público, evitaba los lujos y mantenía un contacto directo con los sectores más vulnerables. Para él, la Iglesia debía estar en la calle, no encerrada en estructuras.
El momento que cambió su vida -y la de millones- llegó en 2013, tras la histórica renuncia de Benedicto XVI. En el cónclave, fue elegido como nuevo Papa, convirtiéndose en el primero de América Latina y el primero jesuita en ocupar ese lugar. Eligió llamarse Francisco, en honor a San Francisco de Asís, marcando desde el inicio una identidad basada en la humildad, la pobreza y la preocupación por los demás.
Desde el Vaticano, impulsó una Iglesia más abierta, con énfasis en la misericordia, el diálogo y la inclusión. Habló sobre la desigualdad, el cambio climático, las migraciones y los conflictos globales, posicionándose no solo como líder religioso, sino también como una voz influyente en el escenario mundial.
A lo largo de su papado, también enfrentó críticas y resistencias internas, propias de una institución milenaria que no cambia fácilmente. Sin embargo, mantuvo su estilo: directo, sencillo, muchas veces rompiendo protocolos.
La vida del Papa Francisco es, en esencia, la historia de alguien que nunca buscó el poder, pero que terminó ocupando uno de los lugares más influyentes del mundo. Un hombre formado en la sencillez de un barrio porteño que llevó esa misma mirada al corazón de la Iglesia Católica.