En una jornada de alta tensión en San Isidro, el neurocirujano se declaró inocente, cuestionó la autopsia y aseguró que su vínculo con el Diez era de afecto personal.
La audiencia de este jueves en el Tribunal Oral en lo Criminal N°3 de San Isidro estuvo marcada por un clima hostil y cambios imprevistos en la agenda. Aunque se esperaba el testimonio de Gianinna Maradona y del médico Carlos Pinto, el orden se alteró drásticamente cuando la defensa de Leopoldo Luque solicitó que el imputado prestara declaración. Este pedido generó fuertes cruces entre los abogados y el fiscal Patricio Ferrari, derivando en una jornada de discusiones constantes y objeciones técnicas.
Luque, acusado de homicidio con dolo eventual junto a otros seis imputados, dividió su declaración en dos tramos. En el primero, se enfocó en deslindar responsabilidades profesionales y negar vínculos espurios con el entorno de Matías Morla. "Soy inocente y lamento mucho la muerte de Maradona", sentenció al inicio, subrayando que su rol era exclusivamente el de neurocirujano y no el de médico clínico, buscando marcar un límite en su responsabilidad sobre el seguimiento general de la salud del astro.
Con un abultado cuaderno en mano y bibliografía médica, el imputado intentó refutar las conclusiones de la Junta Médica oficial. Luque fue punzante al cuestionar las maniobras de reanimación realizadas el 25 de noviembre de 2020, asegurando que los peritajes presentan inconsistencias. "No vengo a decir lo que me parece, vengo a decir lo que está escrito", afirmó ante el tribunal, llegando a declarar con dureza que el día del fallecimiento "reanimaron un cadáver".
Tras un cuarto intermedio, la fiscalía exhibió chats que comprometen la situación del médico, lo que motivó un segundo tramo de declaración con un tinte mucho más personal. Luque apeló a la nostalgia y a los orígenes compartidos para justificar su cercanía con el exfutbolista. "Yo era de Caraza, él de Fiorito. Jugábamos a la pelota en el mismo lugar", relató emocionado, describiendo una transición en la que dejó de ver a Maradona como un "dios" para verlo como una persona vulnerable.
En este pasaje, el neurocirujano admitió que el entorno era consciente de la recaída de Diego en el alcohol y de su deterioro anímico. Según su relato, el ídolo rechazaba sistemáticamente la asistencia de psicólogos y psiquiatras, lo que dificultaba cualquier intervención médica formal. "Yo solo lo quería ayudar; todos los que tenemos familiares con problemas sabemos que son pacientes que ciclan", explicó para contextualizar las dificultades del tratamiento domiciliario.
A pesar de su discurso cargado de afectividad, donde aseguró que "amaba" a su paciente, Luque mantuvo la firmeza en sus argumentos técnicos para despegarse de la negligencia médica que se le adjudica. La estrategia de la defensa parece clara: posicionar al médico como un amigo cercano que intentó colaborar en un escenario de resistencia por parte del paciente, más que como el responsable directo de la coordinación médica que falló en Tigre.
La jornada cerró sin que los otros testigos previstos pudieran declarar, postergando el testimonio de Gianinna Maradona para futuras sesiones. Mientras tanto, el tribunal analiza la documentación entregada por Luque, en un juicio que promete seguir escalando en tensión a medida que se profundice en los mensajes y registros de los últimos días de vida del capitán de la Selección Argentina.