A poco más de ocho años de la tragedia, el Tribunal Oral Federal de Santa Cruz avanza en Río Gallegos con el proceso por el hundimiento del submarino, en el que murieron sus 44 tripulantes. Entre las pruebas incorporadas figura un informe técnico que reconstruye posibles causas del colapso tras el principio de incendio reportado antes de la pérdida de contacto.
El juicio oral por el hundimiento del ARA San Juan incorporó como una de sus pruebas centrales el informe técnico del capitán de navío Gerardo Bellino, perito naval e ingeniero, quien formuló cinco hipótesis sobre lo ocurrido a bordo entre la última comunicación del submarino y el evento hidroacústico detectado por la Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBTO) el 15 de noviembre de 2017. El proceso se desarrolla en Río Gallegos, con cuatro oficiales imputados por presunto incumplimiento de sus deberes y estrago agravado.
La secuencia reconstruida en la causa comenzó la noche del 14 de noviembre, cuando desde el submarino se reportó un principio de incendio controlado tras el ingreso de agua de mar al tanque de baterías N° 3 de proa. Según la instrucción, el agua habría entrado a través del sistema de ventilación y generado un cortocircuito en el balcón de barras de baterías. Esa avería dejó fuera de servicio las baterías de proa y obligó al ARA San Juan a navegar con "circuito dividido", es decir, con solo la mitad de su capacidad energética disponible.
Horas después, a las 06:00 del 15 de noviembre, el submarino volvió a informar por mensaje de texto la magnitud del problema: confirmó el ingreso de agua, el cortocircuito y la inhabilitación de las baterías de proa, aunque aclaró que no había novedades de personal. La última comunicación oral fue a las 07:19, cuando se indicó que la nave se encontraba en plano de periscopio y con intención de ir a plano de seguridad. Después de eso no hubo más respuestas, y a las 10:51 la CTBTO registró el evento descrito como "anómalo, singular, corto, violento y no nuclear consistente con una explosión".
A partir de esos elementos, Bellino elaboró cinco hipótesis. La primera sostiene que pudo haberse producido una explosión de hidrógeno acumulado en el tanque de baterías, gas que se habría generado por electrólisis tras el ingreso de agua de mar. La segunda plantea una avería en el sistema de refrigeración principal durante una inmersión más profunda, que habría provocado una vía de agua imposible de compensar. La tercera apunta a una pérdida de propulsión, ya sea por una falla en el tablero o por un intento de reconectar las baterías averiadas.
La cuarta hipótesis propone que el submarino, al requerir una nueva maniobra de snorkel para recargar energía, volvió a recibir ingreso de agua por el mismo sistema de ventilación, lo que habría desatado un segundo incendio, esta vez incontrolable. La quinta, definida en el informe como "altamente probable", combina varias de las anteriores: una explosión interna, una vía de agua, una falla de propulsión o una emergencia durante el snorkel actuando de forma sucesiva o simultánea en un contexto de malas condiciones meteorológicas y capacidad de maniobra reducida.
El propio perito aclaró que los acontecimientos posteriores al incidente inicial son deducciones técnicas que no permiten afirmar con certeza qué ocurrió a bordo en esas tres horas y media finales. Las hipótesis forman parte de un conjunto más amplio de informes incorporados a la causa, junto con análisis de especialistas navales, organismos asesores y del propio fabricante del submarino. En las próximas semanas, varios de esos expertos serán convocados a declarar ante el tribunal que lleva adelante el debate oral.