El recorrido de Roberto para armar el rompecabezas de una explosión en la Isla que había olvidado por completo lo llevó a conectar a soldados con personas que nunca se habían visto y a reconstruir otras historias ocultas.
Roberto soñaba con ser analista de sistemas o mecánico dental, pero el destino le tenía preparada otra cosa. La Guerra de Malvinas atravesó su vida para siempre, no solo por haber sido soldado conscripto clase '62, sino porque, tras sobrevivir y regresar herido de las Islas, decidió dedicar su futuro a reconstruir historias a través de cartas, encuentros y reencuentros que parecían imposibles. Ese camino, que comenzó de manera silenciosa y se volvió irrefrenable tras la muerte de su madre, no tuvo retorno: cada persona vinculada a Malvinas que conoce su trabajo le pide ayuda para recuperar su propia memoria.
Roberto cumplía funciones en el Regimiento de Infantería Mecanizado N°7 de La Plata cuando, el 2 de abril de 1982, se enteró de su convocatoria a Malvinas mirando un noticiero en un pequeño televisor junto a otros soldados. Debería haber estado de baja esperando la incorporación de la clase '63, pero la guerra alteró cualquier previsión. Desde ese momento, las cartas se volvieron protagonistas. Fueron su anclaje emocional y, con el tiempo, la llave para reconstruir fragmentos de su historia que incluso él mismo había olvidado.
La última despedida de su familia ocurrió tras una misa en el Regimiento. Pocos escucharon al cura; todos buscaban un último abrazo. El viaje fue largo y fragmentado: La Plata, El Palomar, Río Gallegos y finalmente Malvinas. En Río Gallegos escribió la primera carta, eligiendo el papel antes que un teléfono público casi inalcanzable. Avisó que iba a las Islas y pidió tranquilidad: creía, como muchos, que sería por poco tiempo. Su padre, consciente del desorden temporal de la guerra, incluía en cada respuesta un calendario y un billete, ayudándolo a ubicarse en tiempo y espacio.
Cuando supo que entrarían en combate, Roberto tomó una decisión extrema: sin chapa identificatoria, se escribió el DNI en brazos y piernas con la birome de las cartas, temiendo que sus padres no pudieran encontrarlo. Durante casi dos meses recibió correspondencia que cuidó como un tesoro. El 11 de junio su regimiento entró en combate. Días después, al ir a buscar raciones, una explosión cambió su destino: herido, regresó con las cartas ocultas entre sus pertenencias. Gracias a eso, no se las requisaron al volver al continente. Incluso logró traer un pequeño sobre con tierra de Malvinas, raspada de los borceguíes junto a otros soldados hospitalizados.
Décadas más tarde, esas cartas reaparecieron. Tras la muerte de su madre, Roberto encontró carpetas guardadas durante cuarenta años. La conmemoración de los 40 años de la guerra despertó una necesidad profunda: agradecer a quienes le habían escrito. Empezó a buscarlos uno por uno. Cada encuentro fue distinto y conmovedor. Algunos conservaban cartas que él mismo había enviado desde Malvinas, textos que no recordaba haber escrito. Otros las leían en voz alta, dando origen a un ritual que terminó siendo filmado y que hoy forma parte de un nuevo libro en proceso.
Las cartas también lo llevaron a reconstruir episodios que su memoria había borrado por el shock de combate: quién lo sacó de un pozo, quién lo subió a un jeep, quién voló con él en un Hércules C-130, identificado como el Tango Charlie 66, cuyo vuelo duró casi tres horas bajo fuego enemigo. Buscó planillas, entrevistó enfermeras, rastreó pilotos, navegantes y soldados. Cada testimonio sumó una pieza más a un rompecabezas vital.
En ese recorrido apareció otra historia: la de Argentino Ramírez, soldado caído y enterrado como NN durante 35 años. Una carta fechada después de su supuesta muerte abrió una investigación que permitió reconstruir su identidad y entregar copias de esa correspondencia a su familia.
"Es la única carta conocida de un héroe de guerra, aparecida 43 años después", sostiene Roberto.
Su trabajo llegó al Senado, donde impulsó reconocimientos para soldados voluntarios nunca homenajeados. También fue presidente durante 25 años del Centro de Veteranos de Lomas de Zamora y participó en la creación de PAMI Veteranos, logrando que todos los excombatientes accedan a pensiones sin distinción de incapacidad. Para Roberto, no se trató de privilegios sino de justicia:
"No pedíamos nada del otro mundo. Estuvimos en una guerra".
Hoy, Roberto Piccardi se define como ex soldado conscripto clase '62, herido en combate, padre, abuelo y militante de la memoria. Da charlas en universidades, participa en museos y sigue recibiendo mensajes de personas que guardan cartas, fotos o recuerdos olvidados. Su historia no se cerró con el regreso de Malvinas: continúa viva en cada sobre, en cada reencuentro y en cada relato que logra salir de la sombra.
Porque para Roberto, las cartas no son papel viejo. Son puentes. Son memoria. Y son la forma más humana de volver, una y otra vez, de la guerra.