Argentina Historia de vida

La historia del  hombre que volvió de Malvinas para unir a otros

El recorrido de Roberto para armar el rompecabezas de una explosión en la Isla que había olvidado por completo lo llevó a conectar a soldados con personas que nunca se habían visto y a reconstruir otras historias ocultas

Viernes, 28 de Noviembre de 2025

Roberto Oscar Piccardi nunca imaginó que su futuro se decidiría mucho antes de que pudiera elegirlo. De chico soñaba con ser analista de sistemas o mecánico dental. Pero el destino, siempre caprichoso, tenía otros planes: llevarlo a la Guerra de Malvinas y marcarle el camino para toda la vida. No sólo como ex soldado herido en combate, sino como el guardián de un tesoro único: las cartas que lo sostuvieron en las Islas y las que hoy lo ayudan a reconstruir historias que parecían perdidas para siempre.

La convocatoria inesperada

En 1982, Roberto era soldado clase '62 del Regimiento de Infantería Mecanizado Nº 7 de La Plata. Ya debería haber estado de baja, esperando la incorporación de la clase '63, pero el 2 de abril, mientras veía un pequeño televisor junto a otros compañeros, escuchó la noticia que le cambiaría la vida: todos eran convocados. "Fue una sorpresa generalizada", recuerda.

La última vez que vio a su familia fue en una misa en el Regimiento. Nadie prestó atención al cura; todos buscaban abrazar a los suyos. Luego llegó la confirmación: viajaría a Malvinas. Partieron en micros comunes hacia El Palomar, de allí a Río Gallegos y después hacia las Islas. Desde ese aeropuerto escribió su primera carta, donde intentó transmitir tranquilidad: no tenían ropa de invierno, así que muchos creían que su estadía sería breve.

Su padre sería clave para que Roberto pudiera ubicarse en el tiempo. En cada carta incluía un billete y un pequeño calendario. Por ese detalle, décadas después, Roberto pudo ordenar su memoria.

Combatir con birome en mano

Antes del combate, Roberto tomó una decisión desesperada: como no tenía chapa identificatoria, usó la birome con la que escribía sus cartas y se anotó el DNI en brazos y piernas.

La escritura era su ancla.

Durante casi dos meses guardó celosamente cada carta recibida. Y cuando, el 11 de junio, su grupo debió entrar en acción, un gesto intuitivo lo salvó: al buscar las raciones ordenadas por un superior, Roberto decidió también llevarse un paquete de curaciones y todas sus cartas. Las escondió tan bien que regresaron intactas con él.

Resultó herido durante un bombardeo y eso, aunque doloroso, le permitió conservar las cartas, ya que a los soldados heridos no les requisaban nada antes de volver al continente.

En el hospital, al darse cuenta de que no tenía tierra de Malvinas, él y otros soldados rasparon sus borceguíes y guardaron la tierra en un sobre. Ese pequeño gesto fue un símbolo: aunque herido, llevaba consigo un pedazo de las Islas.

El hallazgo que lo movilizó 40 años después

Mucho tiempo después, tras la muerte de su madre, Roberto revisó su casa y encontró las carpetas donde habían quedado guardadas las cartas que jamás se enviaron. Cuarenta años intactas.

El aniversario Nº 40 de la guerra lo empujó a un deseo profundo: agradecer. Intentó contactar a cada una de las personas que le habían escrito, incluso a quienes no recordaba. En cada reencuentro surgían emociones distintas: amigos que conservaban sus cartas, jóvenes de la época que lo recibían con lágrimas, silencios que decían más que las palabras.

Una de esas personas, Liliana Abranges, leyó su carta en voz alta apenas la tuvo entre las manos. Ese gesto espontáneo inspiró a Roberto a filmar cada lectura. Ese registro se convirtió en el corazón de su segundo libro, dedicado a las anécdotas detrás de cada sobre.

El rompecabezas de su propia guerra

A medida que reconstruía historias ajenas, también reconstruía la propia. Un compañero lo enfrentó con algo que él no recordaba: lo había sacado de un pozo para salvarlo durante una explosión. Ese vacío en su memoria lo llevó a buscar a su teniente, al chofer del jeep que lo trasladó herido, a los voluntarios que cargaron heridos durante horas, al piloto del Hércules que lo devolvió al continente.

Incluso encontró el avión "Tango Charlie 66", aún operativo, y volvió a subirse sólo para ver dónde había viajado sentado aquella vez.

En Comodoro Rivadavia, descubrió que su historia clínica había sido tirada al basurero municipal. Hizo una conferencia de prensa y denunció lo sucedido. Aunque no recuperó los papeles, sí encontró una enfermera que lo había atendido. Su testimonio quedó registrado.

La historia que esperaba 42 años

Uno de los hilos más impactantes surgió gracias a Silvia Maroño, quien conservaba cartas enviadas por dos soldados a quienes había escrito junto a su madre por iniciativa de la revista Gente durante la guerra. Uno de ellos, Argentino Ramírez, había caído en combate. La fecha de una carta generaba una confusión histórica: ¿era realmente él quien respondía?

Roberto investigó hasta descubrir la verdad. Conectó a Silvia con la familia de Argentino y organizó un emotivo acto donde entregó copias de las cartas.

Para él, ese momento fue un antes y un después: "Es la única carta conocida de un héroe de guerra aparecida 43 años después".

Reconocimiento, justicia y militancia

Roberto también logró que el Senado reconociera historias invisibilizadas de Malvinas, especialmente de soldados voluntarios que rescataron heridos sin recibir ningún homenaje. No fue solo: llevó a todos sus compañeros del pozo, los mismos que habían estado con él en sus peores momentos.

Su lucha continuó en el PAMI, donde trabajó desde 1982 gracias a la ayuda de la madre de una amiga que le había escrito varias cartas en la guerra. Con los años, fue fundamental para crear la Oficina de Atención al Veterano de Guerra. Militó 25 años, impulsó leyes que hoy garantizan pensiones dignas a todos los veteranos y levantó el Museo de Veteranos de Lomas de Zamora.

El peso y el valor de 73 cartas

Entre las 73 cartas que conserva, 15 son de su familia. Aún hoy le resulta doloroso leerlas. Muchas fueron escritas por jóvenes de 19 años, llenas de sueños simples, rutinas, amores, boliches y fútbol. Una de ellas lo llamó "héroe" por primera vez; él insiste en que los héroes verdaderos quedaron en las Islas.

También buscó a quienes ya habían fallecido. Una docente, Graciela, le contó que cada 2 de abril le leía una de sus cartas a sus alumnos. La hermana de Viviana Kat le entregó fotos que Roberto ni sabía que existían.

Un viaje que todavía no tiene final

Roberto no sueña con volver a Malvinas. Le pesa la idea de estar allí una semana completa, viajar con pasaporte argentino, pagar un costo altísimo y someterse a revisiones estrictas. Prefiere seguir haciendo lo que hace: unir a la gente, reconstruir historias, devolver memorias.

Hoy se presenta como lo que siempre fue:

ex soldado conscripto clase '62 del "glorioso" Regimiento 7 Coronel Conde, herido en combate, padre de familia, y guardián de historias que el tiempo no pudo borrar.

Su camino comenzó con una explosión y un manojo de cartas. Cuatro décadas después, ese camino sigue abriéndose, porque aún hay personas que buscan reconstruir lo que dejó la guerra, y Roberto sigue ahí para ayudarles a encontrarlo.