Argentina Historia de vida

La historia de la chica que aprendió a leer en secreto y cambió su destino

Clara Goitía creció mirando el mundo desde una esquina silenciosa, como si todo sucediera lejos de ella

Jueves, 20 de Noviembre de 2025

Clara Goitía creció mirando el mundo desde una esquina silenciosa, como si todo sucediera lejos de ella. Hasta los 28 años, otros decidieron por su vida: qué comer, cómo vestirse, a dónde ir y qué hacer cada día. 

A nadie se le ocurría preguntarle qué pensaba. Los médicos habían dicho que, por su parálisis cerebral, Clara no podría razonar ni aprender. La escuela especial que la aceptó de niña la declaró "ineducable" dos años después. Y, al cumplir 21, sus padres tramitaron la curatela para seguir tomando decisiones en su nombre. Mientras tanto, ella se refugiaba en lo único que le permitía comunicarse: una carpeta llena de dibujos plastificados que decía "Quiero decir algo". En esas imágenes estaba su voz, limitada a lo básico. Pero dentro de ella había un universo entero pidiendo salir.

Clara pasaba horas observando a sus hermanas estudiar. Quería ayudar, quería decir "yo sí lo sé", pero no tenía cómo. Cuando intentaba expresar cansancio o tristeza, solo le quedaba reír o llorar, casi siempre llorar. Aunque nadie lo sospechaba, mientras señalaba pictogramas, se estaba alfabetizando sola. Leía en silencio. Aprendía en secreto. Y esperaba.

Su vida cambió recién a los 28 años, cuando una orientadora del centro de día le propuso comunicarse con un tablero de letras. La idea era enseñarle palabras sencillas. Pero Clara sorprendió a todos: ya sabía leer. Lo primero que escribió fue "felicitaciones". Después sumó nombres, ideas, frases enteras que llevaba años guardando. Era como si de pronto alguien hubiera abierto una ventana en una habitación donde faltaba el aire. Clara, por fin, podía decir quién era.

Desde entonces, su vida dejó de ser una sucesión de rutinas decididas por otros. Empezó la primaria a los 34 y la secundaria después. Sufrió miradas incrédulas, docentes que dudaban, reglas absurdas como exigirle que escribiera a lápiz -algo físicamente imposible para ella- o conocer el alfabeto en cursiva. Pero siguió. Para cada obstáculo, apareció un tablero nuevo, una adaptación, una insistencia. Y siguió.

Hoy, con 41 años, Clara estudia Ciencias de la Educación en la Universidad Nacional de La Plata y se emociona al decir que quiere ayudar a quienes, como ella, quedaron atrapados en diagnósticos que no cuentan toda la historia. Va a clase dos veces por semana, lee los textos con anticipación, participa, pregunta. Tiene amigas, asistencias que la acompañan, sobrinos con los que juega al Tutti Frutti, un club de lectura y una vida social que antes no imaginaba posible. Va al cine, pasea, escucha música. Y se ríe: la risa volvió, pero de otra manera.

También recuperó algo fundamental: sus derechos. La Justicia le restituyó su capacidad jurídica después de un proceso largo y lleno de pericias. Ya no es "incapaz". Ya no necesita un curador. Puede votar, elegir, decidir. Puede decir "quiero", "no quiero", "me gusta el verano porque lleva menos ropa", o "estoy cansada de la misma rutina". Puede decir lo que piensa. Y eso lo cambió todo.

Clara todavía enfrenta prejuicios, barreras arquitectónicas, miradas que subestiman. Pero también vive con el orgullo de haber demostrado lo que siempre supo de sí misma: que no era ineducable, que no estaba "encerrada" en un diagnóstico, que solo necesitaba que alguien le diera una herramienta.

Su historia es una prueba viva de que la inteligencia, la sensibilidad y la voluntad no siempre se ven a simple vista. A veces están quietas, esperando un abecedario para poder hablar. Clara lo consiguió. Y desde entonces, no dejó de hacerlo.