La Casa Rosada reconoce una mejora en el vínculo después de la asistencia por los terremotos, pero no contempla reabrir la embajada en el corto plazo.
El Gobierno argentino decidió mantener congelada, por ahora, la normalización plena de las relaciones diplomáticas con Venezuela. Aunque en los últimos meses hubo una mejora en los contactos con la administración interina de Delcy Rodríguez, en la Casa Rosada aseguran que no está prevista la reapertura de la embajada en Caracas mientras no existan avances concretos hacia un proceso electoral democrático.
La postura oficial apunta a sostener únicamente los canales considerados necesarios para cuestiones consulares, humanitarias y operativas. En el Ejecutivo remarcan que la recuperación del diálogo no debe interpretarse como un restablecimiento político del vínculo bilateral.
La relación entre ambos países había quedado prácticamente interrumpida después de las elecciones presidenciales venezolanas del 28 de julio de 2024. En aquel momento, el Consejo Nacional Electoral proclamó ganador a Nicolás Maduro sin difundir la totalidad de las actas, mientras la oposición aseguró que Edmundo González Urrutia había obtenido la mayoría de los votos.
Desde entonces, Javier Milei mantuvo una posición de fuerte confrontación con el chavismo y respaldó públicamente a González Urrutia. Tras la captura de Maduro en enero, el Presidente sostuvo que el dirigente opositor debía asumir el poder por considerarlo ganador de aquellas elecciones.
La llegada de Delcy Rodríguez a la conducción interina de Venezuela modificó parcialmente el escenario diplomático.
Argentina acompañó la estrategia impulsada por Estados Unidos para avanzar en una transición política y redujo la confrontación pública con Caracas, aunque mantuvo como condición central la reconstrucción de las instituciones democráticas y una salida electoral.
Durante los últimos meses se registraron algunos movimientos en esa dirección. Estados Unidos promovió negociaciones entre sectores del chavismo y de la oposición venezolana, que derivaron en acuerdos relacionados con la renovación del Tribunal Supremo de Justicia y otras reformas institucionales.
Una nueva ronda de conversaciones podría desarrollarse durante la segunda mitad de septiembre. Entre los temas que busca incorporar la oposición aparecen las garantías políticas, las libertades civiles y la realización de elecciones. Hasta el momento, sin embargo, no existe una fecha definida para nuevos comicios.
Uno de los principales puntos de inflexión en la relación entre Buenos Aires y Caracas fueron los terremotos que afectaron a Venezuela en junio.
A raíz de la emergencia, el canciller Pablo Quirno retomó contactos directos con las autoridades venezolanas para coordinar la asistencia humanitaria y permitir el ingreso de personal argentino.
El operativo desplegado por Argentina se extendió durante 18 días e incluyó más de 230 patrullas, tareas de búsqueda y rescate, asistencia sanitaria y apoyo logístico. Además, los equipos argentinos produjeron unos 210.000 litros de agua potable.
El Gobierno venezolano agradeció públicamente la ayuda enviada desde Buenos Aires y, a partir de ese episodio, comenzaron a recuperarse algunos canales de comunicación que permanecían prácticamente cerrados.
Para la Casa Rosada, esa experiencia demostró que es posible mantener mecanismos de cooperación sin avanzar necesariamente hacia una normalización diplomática.
La relación volvió a mostrar una señal de distensión en agosto, cuando Venezuela autorizó nuevamente el ingreso a su espacio aéreo de aeronaves con matrícula argentina.
La medida permitió que Aerolíneas Argentinas retomara el corredor de Maiquetía para algunos vuelos hacia Estados Unidos y el Caribe, luego de las restricciones que estaban vigentes desde marzo de 2024.
Desde el Gobierno atribuyeron esa decisión a las conversaciones mantenidas entre Cancillería y las autoridades venezolanas.
Pese a estos avances, la evaluación política de la Casa Rosada no cambió. El Ejecutivo diferencia los acuerdos operativos de una recomposición formal de las relaciones y considera que una eventual reapertura de la embajada dependerá de señales políticas más profundas.
Otro de los puntos que mantiene la tensión es la situación de Germán Giuliani, el abogado argentino detenido en Venezuela desde mayo de 2025.
En abril, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos le otorgó medidas cautelares al considerar que sus derechos a la vida, la integridad personal y la salud se encontraban en riesgo.
El organismo reclamó además que las autoridades venezolanas informaran oficialmente dónde se encontraba y cuáles eran sus condiciones de detención.
La situación de Giuliani no se modificó pese a las excarcelaciones anunciadas en agosto por la administración de Rodríguez. Caracas informó medidas alternativas a la prisión para 131 personas, pero el ciudadano argentino continuó detenido.
Su caso permanece dentro de las gestiones diplomáticas de Buenos Aires y representa otro factor de cautela antes de avanzar hacia una eventual normalización.
Por el momento, la estrategia argentina será sostener el diálogo en cuestiones puntuales sin avanzar con el envío de un embajador ni con la reapertura plena de la representación diplomática en Caracas.
El Gobierno espera que la transición venezolana derive en un proceso electoral con garantías democráticas antes de reconsiderar su posición.