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Entre el poder y la tragedia: la vida de la mujer que nunca se quebró

Ethel Skakel nació el 11 de abril de 1928 en Chicago, en el seno de una familia católica irlandesa con buena posición económica. 

Miercoles, 8 de Abril de 2026

Durante años, su nombre quedó en segundo plano. Fue presentada como "la esposa de Robert F. Kennedy" y parte de una de las familias más influyentes de Estados Unidos. Pero con el paso del tiempo, Ethel Kennedy construyó su propio lugar: el de líder, sostén y alma de un clan atravesado por la tragedia.

Una vida que empezó lejos del poder

Ethel Skakel nació el 11 de abril de 1928 en Chicago, en el seno de una familia católica irlandesa con buena posición económica. Fue la sexta de siete hermanos y creció en Connecticut, donde se destacó por su carácter competitivo y su pasión por los deportes.

Ese espíritu fue el que, sin saberlo, la acercó a los Kennedy. A través de una amiga conoció a Robert, aunque la historia no empezó como un cuento de hadas: él salía con su hermana. Todo cambió en un viaje de esquí en 1945, donde Ethel, con apenas 17 años, lo deslumbró.

Poco después, él dejó aquella relación y comenzó una historia que marcaría para siempre a ambos. Se casaron en 1950 y al año siguiente llegó su primer hijo. Tendrían once en total.

Hickory Hill: familia, política y puertas abiertas

La pareja se instaló en Hickory Hill, una casa de trece habitaciones en Virginia que se convirtió en mucho más que un hogar. Era un punto de encuentro constante: niños corriendo, animales, amigos, figuras políticas y discusiones que moldeaban el futuro del país.

Ethel se movía con naturalidad en ese universo. Apasionada por la política, fue una pieza clave en la carrera de su marido, acompañándolo en su camino al Senado y luego como fiscal general durante la presidencia de John F. Kennedy.

Sin embargo, dentro del clan, su figura convivía con otra presencia fuerte: Jacqueline Kennedy Onassis. Distintas en estilo y personalidad, la comparación fue inevitable. Mientras Jackie representaba elegancia y sofisticación, Ethel era energía, impulso y acción.

El dolor que no la quebró

La historia de los Kennedy está atravesada por la tragedia, y Ethel no fue la excepción.

En 1963, el asesinato de John F. Kennedy sacudió al mundo. Años después, el 5 de junio de 1968, la tragedia volvió a golpear de forma brutal: Robert fue asesinado en plena campaña presidencial. Ethel estaba a su lado, embarazada.

Cinco años después de perder a un cuñado, perdió a su marido.

Pero no se quebró.

Mientras Jackie eligió rehacer su vida junto a Aristóteles Onassis, Ethel tomó otro camino: decidió no volver a casarse y dedicarse por completo a sostener a su familia.

La matriarca que sostuvo el legado

Con once hijos y un apellido que pesaba en la historia de Estados Unidos, Ethel asumió un rol que nadie le había asignado oficialmente, pero que todos reconocieron: el de matriarca.

Crió a sus hijos, los mantuvo unidos y alentó su participación en la vida pública. Entre ellos, figuras como Robert F. Kennedy Jr. y Rory Kennedy, nacida meses después del asesinato de su padre.

A diferencia de Jackie, que buscó proteger a sus hijos del foco mediático, Ethel impulsó lo contrario: entendía que el legado Kennedy debía seguir presente.

Un símbolo que trasciende generaciones

Con los años, su figura dejó de ser secundaria. Series como Love Story: John F. Kennedy y Carolyn Bessette volvieron a poner su historia en escena. Incluso artistas como Taylor Swift la mencionan como inspiración.

Ethel no fue solo testigo de una era. Fue quien sostuvo sus cimientos cuando todo parecía derrumbarse.

La mujer que sobrevivió a las tragedias, que eligió quedarse cuando otros se fueron, y que convirtió el dolor en fuerza.

La verdadera guardiana del legado Kennedy.