Mientras que la presión fiscal argentina asfixia a las empresas con alícuotas que alcanzan el 35% en Ganancias y el 21% de IVA, el país vecino ofrece esquemas simplificados y tasas de un solo dígito que atraen crecientes inversiones.
A la hora de emprender, los impuestos son una parte fundamental de la ecuación. No alcanza con analizar cuánto se puede vender o cuánto cuesta producir: también hay que mirar cuánto termina quedándose el Estado y cómo esa carga impacta sobre la rentabilidad de una empresa. En la comparación entre Argentina y Paraguay, las diferencias en materia tributaria generan un debate cada vez más importante entre empresarios y emprendedores.
La presión impositiva puede influir directamente en las decisiones de inversión, en los costos, en los precios y hasta en el lugar donde una empresa decide instalarse. Por eso, cuando se habla de competitividad, no se trata solamente de tener buenos productos o trabajadores capacitados: también importa contar con reglas que permitan producir, invertir y crecer. La discusión de fondo es clara: ¿cómo encontrar un equilibrio entre recaudar lo necesario y no desalentar a quienes generan empleo y riqueza?
Para entender el abismo que separa a ambos modelos económicos, basta con poner los números sobre la mesa y contrastar las principales obligaciones tributarias. En cuanto al Impuesto al Valor Agregado (IVA), Paraguay fija una alícuota del 10%, mientras que en Argentina asciende al 21%. Una de las diferencias más notables se da en los tributos provinciales y locales: mientras que en Paraguay los Ingresos Brutos no existen, en Argentina este gravamen absorbe entre el 3% y el 6% de la facturación.
El panorama se repite al analizar las ganancias y los gravámenes financieros. El Impuesto a las Ganancias se ubica en el 10% en Paraguay bajo la denominación de Impuesto a la Renta Empresarial, al tiempo que en suelo argentino trepa hasta el 35%. A esto se suma el impuesto al cheque, un tributo distorsivo que aplica una alícuota del 1,2% en Argentina y que no tiene existencia alguna en el sistema paraguayo.
Las asimetrías continúan en el ámbito municipal y laboral. Las tasas municipales en Paraguay se calculan mediante un canon fijo por metro cuadrado, independientemente de la actividad comercial, frente al modelo argentino que castiga la facturación con tasas de entre el 3% y el 6% según el municipio. En materia de cargas laborales, el esquema paraguayo totaliza un 25,5% -dividido en un 16,5% a cargo del empleador y un 9% aportado por el trabajador-, mientras que en Argentina las contribuciones patronales y cargas sociales escalan hasta el 48% a exclusivo costo de la empresa.
Los datos dejan en evidencia por qué cada vez más capitales y pymes evalúan cruzar la frontera. Mientras que en Argentina un empleador debe afrontar costos laborales elevados y abonar un Impuesto a las Ganancias del 35% junto a múltiples gabelas, el esquema paraguayo se destaca por su previsibilidad y baja fricción fiscal. Esta brecha no hace más que profundizar la discusión sobre la necesidad de una reforma estructural en el plano local si la Argentina pretende competir en la región por la radicación de nuevas industrias y la generación de empleo genuino.