Analistas La columna de Antonio Ginart

Ficha sucia y campaña sucia

Parece que estamos condenados a ver siempre la misma película, con distintos actores pero con idéntico guión.

Viernes, 3 de Octubre de 2025

¿Se dieron cuenta de que cada vez que se acercan las elecciones, en lugar de escuchar propuestas, lo único que recibimos son carpetazos y acusaciones cruzadas? Parece que estamos condenados a ver siempre la misma película, con distintos actores pero con idéntico guión.

Hoy tenemos legisladores en funciones y candidatos a ocupar bancas que arrastran causas judiciales, sospechas de corrupción, denuncias por mal manejo de fondos, y hasta vínculos oscuros con personajes que nadie querría tener cerca. Y ojo, no se salva ningún partido: desde el oficialismo hasta la oposición, todos tienen algún dirigente con cuentas pendientes. Algunos con causas firmes, otros con simples sospechas que nunca avanzaron en tribunales. Pero ahí está la diferencia: lo que debería ser un tema de justicia, se transforma en munición política.

¿Y qué pasa? Que las campañas se convierten en un lodo donde nadie habla de lo que realmente importa. Nadie nos dice cómo van a resolver la presión impositiva que asfixia a las PyMEs. Nadie plantea en serio una reforma laboral que incentive el empleo sin espantar inversiones. Nadie pone sobre la mesa proyectos concretos para el turismo, las economías regionales o la producción que nos dé dólares genuinos. Todo queda reducido a quién roba más, quién se robó menos o quién todavía no fue descubierto.

Y lo más llamativo es que muchos de los que hoy levantan el dedo para acusar, en el pasado se negaron sistemáticamente a votar el proyecto de ficha limpia. Ese que buscaba, justamente, que ningún condenado por corrupción pudiera ser candidato. O sea: cuando tuvieron la oportunidad de ordenar la política con reglas claras, prefirieron mirar para otro lado. Y ahora pretenden posar de fiscales de la República.



Así, el debate público se degrada. En vez de confrontar ideas, se tiran carpetazos. En vez de competir con proyectos, compiten con denuncias. Y mientras tanto, la gente se sigue preguntando por qué no alcanza la plata, por qué no hay trabajo digno o por qué los jóvenes siguen armando las valijas para irse del país.

Es hora de decirlo claro: no necesitamos candidatos que se la pasen ventilando trapitos ajenos según les convenga. Necesitamos políticos con coraje para proponer reformas de verdad.

Si los que hoy buscan una banca en el Congreso creen que el camino es embarrar la cancha, entonces la política va a seguir siendo un espectáculo triste. Y nosotros, los ciudadanos, seguiremos pagando la entrada más cara.