Alejandro Breuer tiene 21 años y es fanático del Pincha
La pasión y la necesidad de transmitir un mensaje pueden empujar a una persona a ir mucho más lejos de lo que imagina. A veces, incluso, a correr durante horas para unir dos puntos que parecen inconexos, pero que en realidad están profundamente ligados por una historia personal. Eso fue lo que hizo Alejandro Breuer, un joven de 21 años que decidió recorrer 60 kilómetros a pie desde su casa en Caballito hasta el estadio de Estudiantes de La Plata, con un objetivo que iba mucho más allá del desafío físico.
Meses antes, su realidad era muy distinta. En mayo de 2025 atravesaba un período oscuro, marcado por la ansiedad, el estrés y una sensación constante de no encontrar salida. "No estaba bien, me costaba mucho y no veía una escapatoria", recuerda. Fue entonces cuando, casi como último recurso, aceptó un consejo que se repetía entre amigos y conocidos: empezar a correr.
Lo que al principio parecía solo una prueba se transformó rápidamente en algo más profundo. El running empezó a ordenar su rutina y, sobre todo, su cabeza. Cada kilómetro sumado traía un alivio inesperado. "Sentía que entraba en un limbo, un lugar donde podía relajarme. Mi mente se calmaba", cuenta. Con el entrenamiento se fueron las contracturas, los tics nerviosos y también apareció algo nuevo: objetivos.
En pocos meses empezó a anotarse en carreras, corrió la media maratón de Buenos Aires con apenas cuatro meses de preparación y tuvo un rendimiento que lo sorprendió a él mismo. "El deporte me dio estructura, paz y una forma distinta de verme", resume.
Alejandro nació y creció en Caballito. No tiene familiares en La Plata ni una tradición futbolera heredada. Sin embargo, su amor por Estudiantes surgió de manera inesperada cuando tenía apenas cinco años. En 2009, una imagen en la televisión lo marcó para siempre: el Pincha campeón de la Copa Libertadores.
"Fue algo instantáneo. Vi eso y sentí una conexión muy fuerte. Desde ese día supe que era de Estudiantes", dice. Hoy se define como un hincha apasionado, profundamente identificado con los valores del club: el esfuerzo colectivo, la perseverancia y la idea de no rendirse nunca.
En diciembre de 2025, buscando romper con la monotonía del verano porteño, Alejandro tuvo una idea que combinaba todo lo que lo movilizaba: correr desde su casa hasta el estadio de Estudiantes. Sesenta kilómetros para unir dos pasiones y, al mismo tiempo, dejar un mensaje de superación.
Con apenas 48 días de preparación específica, decidió hacerlo realidad. Mientras entrenaba, empezó también a compartir su experiencia en redes sociales. "Pensé que si yo podía hacer algo así, quizás podía inspirar a alguien más. Aunque sea a una sola persona que esté pasando un mal momento", explica.
El desafío también tenía una carga emocional especial: la distancia y los tiempos le impedían ir seguido a la cancha. Correr hasta allí era, de algún modo, acercarse al club que lo representa. "Era unir dos cosas que me hacen bien: Estudiantes y correr".
Los entrenamientos comenzaron a mediados de diciembre y no se detuvieron ni en días de lluvia, ni en las Fiestas, ni cuando el ánimo estaba por el piso. Muchas veces salía a correr de madrugada, aun cuando el cansancio mental pesaba más que el físico.
El 30 de enero llegó el momento. Fueron seis horas y media de carrera, más de 60 kilómetros atravesando distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano. Los primeros 35 kilómetros pasaron entre parques, avenidas y paisajes conocidos. Después vino lo más duro.
Los últimos 25 kilómetros fueron un verdadero calvario. El sol, el agotamiento, los calambres y el dolor pusieron todo en duda. "Quise abandonar muchas veces. Me arrepentí de haberme puesto una meta tan grande con tan poco entrenamiento", admite. Pero algo lo empujaba a seguir. "Pensaba en Estudiantes, en no rendirme. No podía fallarme a mí".
Días antes del desafío, Alejandro había logrado contactar a gente del club. Tenía un deseo claro: terminar dentro del estadio. Y lo consiguió.
En la cancha lo esperaba su familia, con la camiseta de Estudiantes. Apenas pudo cruzar la línea imaginaria del final, el cuerpo dijo basta. "No podía ni caminar. Me desplomé. Trataba de entender lo que estaba pasando, pero no podía pensar", recuerda.
Después de horas de esfuerzo, lágrimas, dudas y dolor, había cumplido su promesa. "Todavía me cuesta procesarlo. Fue algo muy fuerte".
Hoy, Alejandro mira hacia adelante con nuevos objetivos: correr su primera maratón, volver a la media maratón de Buenos Aires y seguir creciendo en redes sociales como creador de contenido. "Me gusta conectar con la gente, contar lo que me pasa. Si alguien se siente identificado, ya vale la pena".
Su mensaje es simple y potente: animarse. "Quiero que la gente pierda el miedo, que haga cosas que la hagan sentirse viva. Que no se rinda. Todos tenemos algo que nos mueve por dentro. Hay que encontrarlo y seguir".