Eric Simon, el joven viral tras un recital de Los Fundamentalistas, concientiza sobre la donación de órganos, tras recibir un trasplante que le salvó la vida y perder a su mamá, quien falleció esperando uno
Eran las cuatro de la mañana del 25 de julio del 2000 cuando el teléfono sonó en la casa de Pigüé donde Eric Simon vivía con su familia. Del otro lado de la línea llegó la noticia más esperada: habían encontrado un donante compatible de riñón. No hubo dudas ni demoras. Una muda de ropa, lo indispensable y la salida inmediata hacia un recorrido que cambiaría su vida para siempre. Eric aún recuerda esa travesía con precisión quirúrgica: Pigüé, Coronel Suárez, una avioneta hasta Aeroparque, estudios en La Plata, el Hospital Italiano y la espera final, tensa y silenciosa, hasta que llegara el riñón.
Eric había nacido en Pigüé, partido de Saavedra, y con apenas un año y medio fue diagnosticado con síndrome urémico hemolítico, una enfermedad provocada por una bacteria que afecta severamente a los riñones. Convulsiones, diarrea, deshidratación y un traslado de urgencia a Bahía Blanca marcaron sus primeros recuerdos médicos. Allí fue atendido por la nefróloga infantil Laura Alconcher, quien le salvó la vida. Con el avance de la enfermedad, el trasplante se volvió inevitable. En el año 2000, con solo nueve años, comenzó a recibir diálisis cada seis horas, en una habitación de su casa, realizadas por su mamá. Aunque ella era compatible para donar, una decisión que Eric describe como una "iluminación de otra familia" hizo que apareciera un órgano cadavérico y que esa madrugada de julio cambiara el destino de todos.
La cirugía fue un éxito y la evolución, "totalmente favorable". Por primera vez, Eric empezó a "poder vivir". Sin embargo, la preadolescencia trajo nuevos obstáculos: burlas por su aspecto físico, efectos de los inmunosupresores, repetir de año y volver a empezar socialmente. "Molestaba, pero no fue limitante. Yo sabía que había ganado lo que tenía que ganar", resume. Con los años llegaron otras complicaciones, como la osteocondritis o una arritmia multifocal, consecuencias de la medicación constante, pero para él siempre fueron "pequeñas cositas" frente a lo esencial: una nueva vida.
En 2014, la historia volvió a golpear fuerte. Mientras Eric viajaba a Buenos Aires para ser operado de una rodilla, su mamá ingresó en diálisis por una complicación renal. La paradoja fue brutal: quien iba a ser su donante años atrás tenía ahora los riñones atrofiados. "Había una conexión especial con mi vieja. Pasó de ella hacerme las diálisis a que le hagan hemodiálisis. Fue revivir una historia", recuerda. Su madre falleció en 2021, esperando un trasplante de riñón, uno de los momentos más duros de su vida.
Ese proceso, atravesado por el deporte, despertó en Eric una "revolución interna". Conoció a la Asociación de Deportistas Trasplantados de la República Argentina (ADETRA) y decidió involucrarse de lleno en la concientización sobre la donación de órganos. Acompañó a su madre, compitió, dio charlas y empezó a demostrar que detrás de un trasplante hay calidad de vida, no solo por su historia personal, sino por las miles de personas que esperan un órgano.
Sin buscarlo, su mensaje llegó aún más lejos el 7 de diciembre pasado, cuando se volvió viral tras asistir a su primer show en vivo de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y el Indio Solari. Se despertó con el celular explotado de mensajes y notificaciones. Su vida cotidiana no cambió, pero sí, dice, su "energía interior". Para Eric, esa viralización tenía un sentido: poner el foco en la importancia de donar órganos y mostrar, con su propia historia, lo que una decisión solidaria puede generar.
Hoy, Simon centra su actividad en campañas en escuelas y clubes, difundiendo información y casos a través de redes sociales. Vive con una dieta estricta, toma entre seis y ocho medicamentos por día, no consume alcohol y practica deporte. Remarca el rol fundamental del INCUCAI, el SINTRA y el CUCAIBA en la gestión de las listas de espera y la logística de los trasplantes. Pero insiste en un punto clave: hablar en familia sobre la donación de órganos. "Cuando llega el momento decisivo, tenerlo hablado hace todo más fácil y agiliza el proceso", concluye. Su historia, marcada por la enfermedad, la pérdida y la lucha, es también la prueba viva de que donar órganos salva vidas.