La joven tiene una gran historia de resiliencia.
La historia de Florencia Barandiarán es un ejemplo de superación y creatividad. Durante ocho años, Florencia y su pareja, Julio Montiel, trabajaron recolectando cartones, botellas y chatarra en las calles de Burzaco y Adrogué, en el sur del conurbano bonaerense. La vida no era fácil: "No teníamos ni para comer", recuerda Florencia.
El punto de inflexión llegó durante la pandemia de 2020, cuando las restricciones impidieron salir a trabajar. Florencia decidió aprender a coser desde cero. Utilizando tutoriales de YouTube, comenzó confeccionando barbijos, y lo que empezó como una necesidad se transformó en su verdadera pasión: el mundo de la moda y la alta costura.
Con el tiempo, fundó su propia marca: Flor de Seda, un emprendimiento que combina alta costura, creatividad y compromiso social. La marca no solo ofrece ropa exclusiva, sino que también emplea a más de 100.000 personas, principalmente madres solteras, ofreciéndoles talleres familiares para fomentar la independencia y el desarrollo de habilidades. Como dice Florencia: "Sabemos lo que cuesta salir adelante y queremos apoyarnos entre nosotros".
Actualmente, Flor de Seda vende más de 70 prendas por mes, cuenta con cuatro talleres y un local propio. Su historia demuestra que con determinación, esfuerzo y solidaridad, es posible transformar la adversidad en una oportunidad, alcanzando sueños que parecían inalcanzables.
Florencia Barandiarán es hoy un referente de emprendimiento femenino en Argentina y un ejemplo de cómo la pasión y la resiliencia pueden abrir puertas incluso en los momentos más difíciles. Su camino, de cartonera a diseñadora de alta costura, inspira a jóvenes y emprendedores a no rendirse y a luchar por sus sueños.